Agua del limonero.

Ello.

Quería que fuesen limones, así como ácidos y furiosos, pero frescos y de agradable olor. Como sexy, sexual; aquí te pillo, aquí te mato y hasta nunca jamas, mejor no haberte conocido porque apestas a aburrimiento y me entran arcadas solo de oler tus excusas.
Como tabaco con boquilla a lo Cruella de Ville, y humo mentolado. Como sofisticado, con tanga de encaje y tacones para ese decadente toque años 20, que hace perder la cabeza. Una Cocó Chanel de la lencería fina y la canela en rama; afrodisíaca, por cierto.
Quería estar a un centímetro del deseo y morderle las ganas. La ironía del hielo quemando la piel. Como arañazos en las sábanas del tiempo. Como inaccesible, inalcanzable, en la punta de los dedos…Como una marca de pintalabios rojo putón; sí, putón. Como el segundo antes de ese orgasmo, héroe de guerra de tus mil batallas. Quería que fuesen limones. Como clausurando un shot de tequila, después de lamernos la sal de las heridas.

Palabras Cuentacuentos.

A mis musas.

No se muy bien cuando compré boleto hacia tu historia, en qué momento giró la página del cuento y se me cayeron tantas letras del bolsillo gritando tu nombre; atropellándose, por narrarte con besos las mil y una noches; y llenándome la cabeza con fábulas sobre amaneceres a tu lado, que no son más que tinta sobre algún papel mojado. Otro relato de tantos, susurro de ilusiones, en que príncipe y princesa se enamoran otra vez.

Fuiste tú mi mejor escrito.

Lo que ya fue y no tiene vuelta atrás.

Fuiste el mejor helado que tuve el placer de probar, por si quieres saberlo; el mejor helado era de chocolate caliente…¿irónico? Congelado a -195.8 °C en el preciso momento en que está a punto de rozar tu boca. La mejor idea concebida, fuiste tú.
Fuiste un color nuevo, inimaginable, para aquellos que no te hayan visto desnudo. Fuiste uno de esos olores que te abren el apetito y nunca te dejan saciado, como un cuento, de moraleja abierta y meta compleja. “Te quiero hasta la luna y vuelta” siempre fue mi favorito.
Fuiste un pasatiempo a resolver con risas, una colección de experiencias inconclusas. Fuiste los pelos de punta, y la sensación de vacío que te recorre por dentro al iniciarse una canción. Algunas veces quiero hacerlo tan precioso que hasta lloro.
Fuiste el vaho de los cristales de los amantes prohibidos, gotitas de rocío que brillan con el sol, como millones de diamantes, como estrellas a nuestro alcance. Fuiste tú mi mejor escrito.
Fuiste a penas un instante, la respiración que precede a un primer beso.
Fuiste una perla entre corales, oculta por las esquinas del mar; que se deshizo al capricho de volar, por contemplar una puesta de sol desde el muelle, como una simple piedra de granizo fundida por su calor.
Fuiste lo imposible encerrado en el azul más intenso, ni el del mar, ni el de qué ojos, ni el del cielo…fuiste como el azul del fuego, sobreviviendo al rojo de tantos labios.
Fuiste los sueños de un vagabundo al alcance de un trago de vino. Fuiste Nyotaimori para la última cena de un condenado a muerte. Lo más bonito del mundo fuiste tú.

Las balas que me atraviesan

Haz el amor y no la guerra…

Como pacientes psiquiátricos clamando por un ataque perfecto, en la franja rojo seco y brillante que palpita en mi cuello, la justa linea divisoria que delimitas con tus besos, trazo prohibido para el aburrimiento, entre mis piernas y el cielo; nervios que acaricias con tus sueños, que son cristales rotos en la garganta del tiempo…Si me lo pides dos veces te muerdo la pereza, y trepo por tu cabeza, enredándonos en imposibles que se deshacen en tu cama, consumiéndose con las prisas por volver a tenernos mañana, por declararnos enemigos con una sola mirada, abrir de reojo las viejas heridas que arañan tus sábanas y desnudar juntos un futuro de paseos por la playa y nuevos campos de batalla donde lamer promesas de sangre y jugar a la guerra contra las ganas, mientras todos los refugiados arden en llamas.

Me enamoré de La Parca

A aquel que me dio muerte.

Respiraba entrecortada y aunque no era invierno salía el vaho intermitente de mis labios…
Al olor de mi sangre vino inesperada; bajo el negro manto, mirada helada…tan dura y fría…creo que eso era lo que más me atraía…
Contaban historias terribles y mientras me leía mis derechos me dejé atrapar sin carrera, cuando me agarró contundente entrelazamos los dedos y anudando fuerte la soga que yo misma me lié al cuello, le entregué mi último aliento…
Húmeda, áspera felina y viperina su lengua de ácido limón lamió lenta mis heridas…
Con cada latigazo, escalofrío, artista hizo lienzo de mi piel, estremeciéndome de la punta de los dedos a la punta del pie y poco a poco notaba como se desprendía de mi carne el alma…

¿Por qué estoy tan tranquila con el frío filo de tu guadaña en mi palpitante, de sangre caliente, yugular?
Serás como la serpiente que hipnotiza, Seré la Caperucita que busca meterse sin miedo en la boca del lobo y disfruta cada mordisco de sus afilados colmillos, serás la sidra envenenada que salió de la más prohibida manzana…Serás el subidón de adrenalina en unos pulmones ahogados con agua de mar…Será que por ti, con gusto me dejo matar.

Las Ganas


No te miento si te digo que te tengo tantas ganas como la sombra al agujero, como la vista a un ciego, como el frío a la lava y el calor al hielo; como la vida al muerto y el silencio al viento; que me apeteces tanto como un polvo al clero, como un trago al sediento, como un chute a un yonky y un piropo al feo; te deseo como el agua desea inundar al desierto, igual que el demonio desea tocar el cielo, como el caos a la paz de un bebé durmiendo, como la parca al enfermo y el anciano al tiempo, como la carne al hueso y como los nervios a un primer beso…

Ánimas del Claro

Reflejo del sauce llorón en el cristalino lago.

Vuelven los duendes a casa, de vuelta a mi bosque encantado tras la quema y las mil maldiciones, inquilinos incesantes siempre en el mismo lugar… que es cara y cruz de la moneda, que empieza a parecer la forja de mi destino…
Al arrancarme las enredaderas de los párpados,al fin luz, me reflejo en el lago…y bajo las copas nevadas decido tomar un frío baño…¡cuánto más dulce es la locura que la maniatada y predecible cordura!
A penas dos líneas de tinta llegan susurrando únicamente para hacerme consciente de mi nueva realidad…mas en este insoportable aire no reconozco al viejo viento del sur, solo torbellinos que a su paso arrasan con toda brizna de hierba fresca y que ya no resultan divertidos remolinos en mi pelo, más bien molestas tormentas de arena que no quiero soportar…
Gotitas de rocío, nuestro vaho, que colma el claro cuando hacemos el amor; y me empañan y ya no consigo preocuparme más por lo que acontezca en el seco desierto ni en ningún otro sitio más allá de las montañas que me resguardan…Pues travieso sopla siroco que me devuelve el encanto de mi claro del bosque, con él bailan los duendes, cristalino lago…
Ninfa de mi viejo sauce a tu tacto valen tanto las flores como las mil palabras, pues la sinceridad hablada es la expresión del alma y desearía contar una a una las arrugas de tu tronco que dejan huella en mis aguas.
El vivo verde de tus hojas destaca con su incansable presencia sobre el fondo cromado y me trae luz brillante, refleja el sabor de la sorpresa…empiezo a creer que para no estar loco, es necesario perder la cabeza.

JAMES DEAN


Él era casi James Dean y ella quiso tintarle de rojo el humo que escapó de su garganta, como escapan los rayos de sol de su jaula de nubes de plata; con un beso a media asta en el andén, apagando esa colilla en un escote casi tan ácido como el limón tras un tequila que cierra un buen trato.
Él bostezó las ganas que tenia de arder en llamas y ella se dejó puestas las llaves en el preciso instante en que él le puso la mirada encima.

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La primera vez que rompí un vaso.

Letras que son cristales rotos…

Llueven mis ojos sobre mojado, con el paso altivo del tornado que apaga velas, que cuenta tantos deseos recorriéndole las venas, como besos cautivos en labios prohibidos; anhelos en saco roto. Porque nunca se ven estrellas en tiempos de guerra; y cuando miran arriba, sólo, un cielo azul e inmenso, en el que mutilo recuerdos cuando no me apetece ni mirarte a la cara…Como si deshojara margaritas, como apurando colillas cuando hace ya tiempo que no ardo en llamas, cuando ni duele, ni deja huella, cuando pasan de largo las ganas de meterte mano, de escribirte algo…Cuando me hacen falta tantas excusas para estrellarme que no compensan tus arañazos adulterados con la alta graduación de mi imaginación, cobarde; menudo coñazo…No sé como alguien puede preferir el aburrimiento al daño; pero en esas estamos.